Más de 50 años después de iniciar la llamada “guerra contra las drogas”, Estados Unidos ha dado un nuevo paso al involucrar directamente a su ejército en operaciones letales contra presuntos traficantes en el Hemisferio Occidental.
El expresidente Donald Trump anunció esta semana un nuevo ataque contra una embarcación que, según él, transportaba drogas y “narcoterroristas de Venezuela” en aguas internacionales. Según su declaración, tres personas murieron en la operación. Trump publicó un video del ataque en redes sociales, en el que se ve una lancha explotando en el mar. No presentó pruebas del cargamento de drogas ni de la identidad de los ocupantes del barco.
El ataque más reciente ocurrió el lunes, pero no es el primero. El 2 de septiembre, Trump también anunció una operación similar en la que murieron once personas que, de acuerdo con su versión, llevaban drogas desde Venezuela a Estados Unidos.
Ambos operativos forman parte de una ofensiva más amplia, en la que Estados Unidos ha desplegado barcos y aviones militares en el mar Caribe, presentando estas acciones como parte de una estrategia contra el narcotráfico. Sin embargo, la falta de transparencia y evidencia concreta ha generado preocupación en sectores políticos, diplomáticos y de derechos humanos.
Algunos críticos señalan que estas acciones podrían representar ejecuciones extrajudiciales, ya que los ataques se realizaron sin proceso legal alguno y contra personas que aún no habían sido formalmente acusadas. Otros analistas creen que esta estrategia busca ejercer presión sobre el gobierno de Venezuela, a quien Trump ha señalado repetidamente como una amenaza regional.
Para John Walsh, especialista en políticas de drogas de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), el enfoque actual representa una “escalada considerable” de la política antidrogas en la región. Según Walsh, el uso inmediato de fuerza letal por parte de militares estadounidenses marca un cambio preocupante en la forma en que se enfrenta el narcotráfico.
Este giro en la estrategia llega en un momento en que distintos sectores ven necesario revisar el enfoque tradicional contra las drogas, al considerarlo ineficaz y costoso. Frente a eso, el uso de acciones militares directas podría generar más tensiones y riesgos en América Latina.




