Para muchos, el relleno sanitario es el punto final de lo que ya no sirve; para otros, es el escenario donde la vida se construye, se hereda y, a veces, florece de las formas más inesperadas. En un recorrido por el sitio, recolectores que representan la tercera o cuarta generación de sus familias en este oficio revelan que, aunque el trabajo es extenuante, la recompensa va más allá de unos cuantos pesos.
La economía del “jale” diario
En un contexto donde las oportunidades laborales suelen ser escasas, el basurero municipal se presenta como una fuente de ingresos inmediata y constante. Según los propios trabajadores, la jornada dicta la ganancia:
- Ingreso base: Un día “tranquilo” puede dejar cerca de 200 pesos.
- Día productivo: Cuando el flujo de camiones es alto y el material es valioso (aluminio, cobre, plásticos específicos), “jalando” fuerte se pueden alcanzar hasta los 500 pesos diarios.
Este ingreso supera, en muchos casos, el salario mínimo diario en la región, lo que explica por qué familias enteras han decidido permanecer en este ecosistema laboral durante décadas.
El hallazgo más valioso: El amor entre la chatarra
Sin embargo, no todo es metal y cartón. Al cuestionar a los veteranos del relleno sobre el objeto más valioso o sorprendente que han rescatado de entre las toneladas de desechos, la respuesta no fue una joya extraviada o un aparato electrónico funcional.
“Lo mejor que he encontrado aquí… fue al amor de mi vida”, confesaron dos de los recolectores con una sonrisa que desafía el entorno.
Esta declaración humaniza un espacio que suele ser invisibilizado. En medio de la faena diaria, las largas horas bajo el sol y el esfuerzo compartido han forjado vínculos sentimentales profundos. Parejas que se conocieron “pepenando”, que formaron sus hogares y criaron a sus hijos bajo la misma dinámica, demuestran que la dignidad y el afecto no dependen del código postal.
Un oficio de resistencia en 2026
A pesar de la modernización de los sistemas de recolección en Ciudad Victoria, la figura del recolector manual sigue siendo una pieza clave (aunque no reconocida formalmente) en la cadena de reciclaje. Su labor permite que toneladas de materiales regresen al ciclo industrial, reduciendo el impacto ambiental de la ciudad.
Finalmente, la vida en el relleno sanitario es un recordatorio de la resiliencia humana. Por consiguiente, mientras Ciudad Victoria siga generando desechos, habrá hombres y mujeres encontrando en ellos no solo el pan de cada día, sino también las historias que le dan sentido a su existencia.




