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Guillermo del Toro rechaza idealizar a los cineastas: el cine no es visión, es trabajo duro

Guillermo del Toro es reconocido como uno de los cineastas más influyentes del cine contemporáneo. Sin embargo, el director mexicano se muestra crítico ante la tendencia de idealizar a los realizadores y llamarlos “visionarios”. Para él, esa etiqueta romantiza un proceso que, en realidad, está marcado por la disciplina, la preparación y el esfuerzo colectivo. En una charla reciente con el actor Bradley Cooper, Del Toro explicó por qué considera que el cine es, ante todo, un oficio construido con trabajo duro.

Guillermo del Toro y su visión del cine como oficio

A lo largo de entrevistas y clases magistrales, Guillermo del Toro ha insistido en que el cine no nace solo de la inspiración. El realizador defiende la idea de un cineasta “voraz”, alguien que se entrega por completo a cada proyecto, como si fuera el último. En su experiencia, la originalidad surge cuando el creador transforma sus propias vivencias en lenguaje cinematográfico.

Del Toro considera indispensable dominar el idioma del cine. Desde los orígenes del séptimo arte hasta sus expresiones actuales, el director subraya que conocer la historia del medio es clave para crear imágenes con sentido narrativo. “La imagen es adjetivo y es verbo”, ha señalado, enfatizando que cada plano comunica una acción y una emoción concreta.

Contra la etiqueta de “visionario” en Hollywood

Durante su conversación con Cooper, citada por Variety, el director de El laberinto del fauno y La forma del agua fue contundente: no le gusta que lo llamen visionario. A su juicio, ese término simplifica un proceso complejo y oculta el esfuerzo real detrás de una película.

Para Del Toro, hacer cine implica tomar decisiones técnicas bajo presión, trabajar con presupuestos ajustados, coordinar equipos y adaptarse a imprevistos. Desde elegir entre una cámara en mano o una Steadicam hasta ajustar una escena por problemas técnicos, cada paso exige precisión y colaboración.

Un ejemplo reciente ocurrió durante el rodaje de Frankenstein, cuando el actor Jacob Elordi no pudo usar ambos lentes de contacto especiales. Lejos de verlo como un problema, Del Toro transformó el obstáculo en un recurso narrativo, aprovechando la diferencia visual para reforzar la furia del personaje.

Cómo elige Guillermo del Toro sus proyectos

El cineasta también explicó que no selecciona sus películas por capricho. De más de 40 guiones escritos, solo ha podido llevar a la pantalla poco más de una decena. Cada proyecto, asegura, lo ha llevado al siguiente. En el caso de Frankenstein, la historia refleja su experiencia como padre y sus temores personales, algo que habría sido distinto si la hubiera filmado décadas atrás.

Lejos de la imagen del genio inspirado, Guillermo del Toro reivindica al cineasta como un trabajador constante. Para él, el cine no se construye desde la comodidad, sino desde la disciplina, la pasión y el esfuerzo colectivo. Su postura rompe con la idealización y recuerda que, detrás de cada gran película, hay años de trabajo duro.

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