Washington, EE. UU. – Coca-Cola, una de las bebidas más conocidas a nivel mundial, no tiene la misma receta en todos los países. En Estados Unidos, tradicionalmente se ha endulzado con jarabe de maíz de alta fructosa, mientras que en México y otros lugares se usa azúcar de caña. Esta diferencia ha influido tanto en el sabor como en las preferencias de los consumidores.
Recientemente, la empresa anunció que empezará a vender también en EE. UU. una versión de su bebida endulzada con azúcar de caña, además de la habitual con jarabe de maíz. Esta decisión responde, en parte, al interés mostrado por el expresidente Donald Trump, quien aseguró que la Coca-Cola mexicana “es simplemente mejor”.
Según el economista alimentario Parke Wilde, de la Universidad de Tufts, el uso del jarabe de maíz en EE. UU. se debe a razones económicas y agrícolas. “En Estados Unidos, es más barato producir endulzantes a partir del maíz que del azúcar de caña, por eso la industria ha seguido ese camino desde los años setenta”, explica.
El jarabe de maíz también tiene ventajas logísticas, señala la profesora Jeanne Melanson. “Al ser líquido, es más fácil de transportar y mezclar, lo que lo hace ideal para la producción a gran escala”, afirma.
Sin embargo, cambiar este tipo de endulzante por azúcar de caña no es sencillo. En EE. UU., el cultivo de caña es limitado y se concentra en zonas como Florida y Luisiana, donde también existen restricciones ambientales. Aumentar la producción nacional de caña requeriría grandes inversiones y posiblemente importar azúcar, lo que encarecería el proceso y afectaría acuerdos comerciales vigentes.
La propuesta de ofrecer ambas versiones de Coca-Cola en EE. UU. también ha generado debate entre grupos de presión de las industrias del maíz y del azúcar. A pesar de sus diferencias, ambos sectores tienen influencia en las decisiones económicas y políticas relacionadas con la alimentación.
La nueva versión con azúcar de caña no busca reemplazar a la original, sino ofrecer una opción distinta para quienes prefieren ese sabor. Para los consumidores, este cambio representa una oportunidad de elegir entre dos estilos de la misma bebida según su gusto.




