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Lenguas mayas como el mam ganan espacio en EE.UU.

Aroldo tenía 19 años cuando su vida cambió. Tres días después de la muerte de su padre, aún en duelo, se sentó junto a su madre a cenar en su hogar de San Juan Atitán, en el occidente de Guatemala. Mientras miraba las llamas de la estufa de leña, le dijo en mam, su lengua materna: “Mamá, quiero ir a la nación de los blancos”, refiriéndose a Estados Unidos.

Su madre, también en mam, le respondió que esperara a que terminara el duelo. Un año más tarde, Aroldo emprendió el viaje con la ayuda de familiares que ya vivían en California. Según cuenta, le tomó más de cuatro meses recorrer la Sierra Madre, cruzar México y el desierto de Arizona, hasta llegar a la Bahía de San Francisco.

“La muerte de mi padre me hizo analizar mi vida y darme cuenta de que era hora de afrontarla por mi cuenta”, dice Aroldo, quien ahora vive en EE.UU. y habla también español.

Entre lo poco que llevó consigo, Aroldo conservó algo invaluable: su idioma, el mam, una de las más de 20 lenguas mayas que se hablan en Centroamérica. Hoy en día, este idioma milenario, con raíces en las antiguas civilizaciones que habitaron la región, sigue vivo y se escucha cada vez más en comunidades migrantes en Estados Unidos.

De acuerdo con expertos, el mam, junto con el quiché, se encuentra entre las lenguas indígenas más utilizadas en los tribunales de inmigración estadounidenses. Esta presencia se debe al aumento de migrantes indígenas provenientes de Guatemala, México, El Salvador y Honduras.

Aunque la migración indígena no es nueva, su dimensión lingüística ha comenzado a reconocerse más recientemente. Muchos migrantes no hablan español como primera lengua, lo que ha planteado nuevos desafíos en temas de acceso a la justicia, salud, educación y otros servicios.

La historia de Aroldo es solo una entre muchas. En su nuevo hogar en San Francisco, conserva una foto de su padre —vestido con ropa tradicional— que cuelga en la pared, recordándole su origen y su comunidad. Mientras tanto, continúa hablando mam, no solo como forma de identidad, sino también como una forma de preservar su cultura y conectarse con otros migrantes indígenas.

Para las instituciones en EE.UU., este fenómeno implica la necesidad de más intérpretes y servicios culturales adecuados. Para las comunidades, representa una forma de mantener vivas sus raíces, a pesar de la distancia.

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