En una pequeña colina de la comunidad beduina de Jabal al-Baba, al este de Jerusalén, Abu Emad al-Jahalín observa la ciudad desde la sombra de un árbol. Aunque Jerusalén está cerca a simple vista, el muro de separación y los controles militares marcan una frontera difícil de cruzar.
Abu Emad, presidente del consejo de la aldea de Arab al-Jahalín y representante de varias comunidades beduinas en la región, se refiere con preocupación a un nuevo proyecto de infraestructura conocido como “Tejido de la vida”. Este corredor vial, presentado por las autoridades israelíes, busca —según explican— facilitar el movimiento de los palestinos entre el norte y el sur de Cisjordania sin necesidad de atravesar puestos de control.
Sin embargo, desde el punto de vista de Abu Emad y otros residentes de la zona, el proyecto tiene efectos contrarios. Asegura que, en lugar de mejorar la movilidad, la nueva carretera limitará aún más el acceso palestino a la Ruta 1, una de las vías principales que conecta el sur, centro y norte de Cisjordania.
Además, el líder comunitario denuncia que las autoridades israelíes han emitido recientemente unas 40 órdenes de demolición y desalojo en Al Eizariya, una localidad cercana. Según explica, estas medidas están vinculadas al avance de otro plan urbanístico: el proyecto E1, que busca ampliar asentamientos israelíes y construir una conexión territorial entre Jerusalén y el asentamiento de Ma’ale Adumim.
La propuesta E1 es especialmente polémica porque ocuparía un corredor de tierra clave para la conexión geográfica entre Jerusalén Este y el resto de Cisjordania. Diversos sectores de la comunidad internacional han expresado su preocupación en el pasado, ya que la urbanización de esta zona podría dificultar la viabilidad de un futuro Estado palestino con continuidad territorial.
El anuncio reciente del proyecto, impulsado por el ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, ha reactivado el debate sobre el impacto de las obras en los derechos y condiciones de vida de las comunidades palestinas y beduinas. Mientras tanto, líderes locales como Abu Emad continúan denunciando lo que consideran un proceso de desplazamiento y aislamiento progresivo.




