Nepal atraviesa una grave crisis política y social marcada por protestas masivas, principalmente lideradas por jóvenes, en contra de la prohibición de redes sociales y la corrupción del gobierno. La situación se agravó esta semana tras el uso de la fuerza por parte de las autoridades y la renuncia del primer ministro K.P. Sharma Oli.
Este martes, Oli presentó su dimisión con efecto inmediato, haciendo un llamado a “cooperar para resolver pacíficamente la difícil situación del país”. La renuncia se produce un día después de los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad que dejaron al menos 22 personas fallecidas, según datos del Hospital de Servicio Civil de Nepal.
Las protestas comenzaron a escalar cuando miles de personas, en su mayoría jóvenes identificados con pancartas de la “Generación Z”, desafiaron el toque de queda en la capital, Katmandú. Muchas de estas personas se concentraron frente al Parlamento, donde algunos ingresaron al edificio, lo incendiaron y pintaron mensajes contra la corrupción.
Otras instalaciones públicas, como la oficina del primer ministro, su residencia oficial y la sede del Tribunal Supremo, también fueron atacadas e incendiadas.
El aeropuerto internacional Tribhuvan, ubicado en Katmandú, permanece cerrado desde este martes, de acuerdo con la información publicada en su sitio web oficial.
Además del primer ministro, el ministro del Interior, Ramesh Lekhak, también renunció el lunes por la noche durante una reunión de gabinete. Según el diario local The Kathmandu Post, Lekhak dejó el cargo por razones morales debido a las muertes ocurridas durante las protestas.
Por ahora, la situación en Nepal sigue siendo tensa. Las autoridades no han anunciado medidas concretas para frenar la violencia o atender las demandas de los manifestantes, quienes continúan pidiendo cambios profundos en el sistema político del país.




