El presidente de Rusia, Vladimir Putin, se encuentra en China para participar en una serie de eventos diplomáticos que reflejan un cambio significativo en su papel en la política internacional. Esta es su primera visita al país asiático desde que comenzó la guerra en Ucrania, y marca un momento en el que busca mostrarse no como un líder aislado, sino como una figura clave en un bloque que desafía la influencia de Occidente.
Putin llega a China tras su reciente encuentro con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Alaska, el pasado 15 de agosto. En esa cumbre, ambos líderes mantuvieron una conversación formal en la que, según fuentes diplomáticas, Trump evitó presionar públicamente a Rusia para que detenga sus ataques en Ucrania, y tampoco avanzó con nuevas sanciones. Para el Kremlin, esto fue interpretado como un gesto de reconocimiento político.
En suelo chino, el mandatario ruso participa en la cumbre de la Organización para la Cooperación de Shanghái (SCO), que reúne a más de una decena de líderes regionales, incluyendo al líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, y al primer ministro de India, Narendra Modi. Esta organización busca fomentar la cooperación en temas de seguridad y desarrollo, y ha ganado relevancia en un contexto de creciente polarización internacional.
Además, Putin y otros jefes de Estado asistirán este miércoles en Pekín a un desfile militar con motivo del 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, conmemorando la victoria contra el fascismo y la resistencia del pueblo chino frente a Japón. El evento tiene un fuerte valor simbólico y subraya el papel de China como potencia regional con una memoria histórica compartida con Rusia.
Analistas internacionales coinciden en que esta visita prolongada de Putin tiene como objetivo enviar un mensaje claro a Estados Unidos y sus aliados: la relación entre Moscú y Pekín se mantiene firme, incluso si las sanciones occidentales disminuyen o si se reabren canales de diálogo con Washington.
La reactivación del eje Rusia-India-China (RIC), un grupo creado como contrapeso al dominio occidental, también ha sido motivo de atención. Aunque este grupo llevaba varios años sin mayor protagonismo, su presencia conjunta en esta cumbre levanta preguntas sobre su posible regreso al escenario internacional.
Mientras tanto, la postura de Washington sigue en evolución. Varios expertos señalan que, a diferencia de la estrategia de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos logró separar a China de la Unión Soviética bajo la mediación de Henry Kissinger, hoy es poco probable que Moscú y Pekín tomen caminos distintos.
Putin y Xi Jinping parecen decididos a mostrar que su cooperación es estratégica, duradera y resistente a las presiones externas. La cumbre de Tianjin y los eventos en Pekín son, según los observadores, una muestra más de esa intención.




